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1 mar 2017

Déjà vu

Hoy, por segunda vez en mi vida, tuve un déjà vu: esa incómoda sensación de ya haber vivido lo que apenas se está viviendo, de recordar lo que está sucediendo o está por ocurrir.

La primera fue a los 12 años, cuando una compañera cayó en una zanja, y yo recordaba haber vivido ese momento. O haberlo soñado, no tenía claridad si era un déjà vu o un sueño premonitorio. La segunda fue esta mañana, y fue algo mucho más vívido: me bajé del trole, cargando a mi hija, y sentí la espalda mojada, al tocar con la mano encontré gotitas de agua; de inmediato tuve la sensación de haber vivido esto mismo con anterioridad.

En ambos casos hay algunos detalles coincidentes: una inicial sensación de confusión, una falta de claridad sobre la anterior vivencia —como si fuera una grabación con baja resolución o una narrativa poco detallada— y cómo con el paso de los minutos y la reflexión todo se fue haciendo más vívido y ambas vivencias se fueron haciendo más parecidas, idénticas.

Esto último me da una pista, que debo aunar a una confesión: sí, ya me había bajado del trole en otra ocasión con la espalda mojada. De hecho, varias otras veces pues con frecuencia lo tomo directamente en la terminal, donde los limpian y no es extraño que los respaldos de los asientos aún estén húmedos o mojados. La vez anterior fue hace un par de semanas, que me bajé en la misma parada para seguir la misma ruta con mi hija, y por ende muchas cosas coincidían. Pero esta vez fui consciente de cómo el recuerdo de lo vivido hace unos días, que se ha ido desvaneciendo, se iba haciendo más vívido y a integrar detalles que no ocurrieron ese día y sí en esta ocasión. 

Se fueron homologando, por así decirlo, y mi sensación de déjà vu fue creciendo, por supuesto, aunque, al ser consciente de ello, la sensación de incomodidad y sorpresa se fue diluyendo en una divertida curiosidad al presenciar cómo mi mente intentaba engañarse a sí misma… y casi lo logra. 

Imagen tomada del artículo de Scientific American "What is Déjà Vu?": https://goo.gl/i13yi0
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Imagen del comienzo tomada de https://goo.gl/ZCsLsZ

7 may 2011

Narcorreflexiones. Un error histórico

Hoy abro estas narcorreflexionescon la intuición de que hemos cometido (¿repetido?) un error histórico: cada vez que las fuerzas armadas han salido de los cuarteles, nos ha ido mal.

Se me ocurre comenzar con 1813. En plena insurrección de Independencia, ese año se firmaron los Sentimientos de la Nación y nuestra declaración de Independencia (titulada Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional). El Virrey Venegas dejó su cargo y que fue otorgado al militar Félix María Calleja, quien tardó en asumir por estar en el frente de batalla. El centro del país fue azotado por unas terribles "fiebres misteriosas", que fue descuidada por las autoridades virreinales: todo el presupuesto disponible estaba asignado a las tropas que defendían al país, que mantenían el orden. La consecuencia fue una de las epidemias con mayor índice de mortalidad que ha sufrido nuestro país. Y, por supuesto, a la larga, el ejército realista perdió una larguísima guerra que duró más de una década y cobró miles de vidas.

Las primeras décadas del México independiente quedaron marcados por asonadas militares que, inevitablemente, desembocaban en que el gobierno cambiara de manos y el ejército permaneciera en las calles para mantener el orden y proteger al Estado y su buen Gobierno... cosa que nunca lograron. Ni siquiera durante la reforma (el gobierno de Juárez tuvo que huir y reclutar civiles milicianos), ni en la intervención francesa (cuando también se requirió de milicias civiles, como los famosos zcapoaxtlas que pelearon el 5 de mayo) ni en la intervención gringa.

Y llegamos a la controvertida Pax porfiriana: durante el gobierno de Porfirio Díaz (que llegó después de un golpe de estado contra el gobierno legítimo de Lerdo) el ejército se encargó de reprimir todo movimiento social, toda protesta, toda inconformidad, de mantener al país en "paz". El ejército fracasó en eliminar el descontento social, en cambio cometió actos terribles de vejación y abuso de autoridad. Y ello participó en el descontento que, junto con otras varias causas, desembocó en la Revolución de 1910, y sus varios ejércitos recorriendo el país.

A pesar de la Constitución de 1917, el ejército no volvió de manera efectiva a los cuarteles hasta después de las guerras cristeras, con la institucionalización del partido de Estado (encabezado por generales), y, después, la llegada de los gobiernos civiles en la década de los 40. Las fuerzas armadas, sin embargo, salían de manera frecuente para reprimir protestas y perseguir movimientos sociales ilegalizados, como el de los ferrocarrileros, los profesores o los estudiantes (como en 1968 y la guerra sucia de los 70).

En todas esas etapas el descontento social crecía con el aumento de la presencia de fuerzas armadas (militares y paramilitares) en las calles. Los daños a la población civil aumentaron (pues el uso de la fuerza siempre afecta a la población pacífica, tal como estamos viviendo) y la delincuencia no desapareció ni disminuyeron los movimientos contrarios al Estado. Es decir, lo que se pretende con la militarización nunca se ha conseguido y, por el contrario, la población civil (que es la razón de ser del Estado, del Gobierno y, paradójicamente, de esas fuerzas armadas) ha sufrido daños materiales, físicos y jurídicos (violación sistemática de sus derechos).

En vista de lo que nos enseña la historia, nuestra propia historia, cabe preguntarse si el aumento de la presencia de las fuerzas armadas, tanto militares (ejército, marina) como paramilitares (las diversas corporaciones policiacas), ¿será la estrategia correcta? ¿Los más de 40,000 muertos que van en estos últimos años han sido daños colaterales o son un resultado predecible, históricamente consistente, de esta militarización? ¿O habremos cometido una vez más un viejo error? En mi opinión se es un error histórico. Pero ustedes que seguramente saben más que este ígnaro hocicón, sin duda, tienen su propia opinión. Juzguen ustedes mismos.