Kermés o quermés: Verbena, fiesta, pachanga popular y benéfica.
Azotea: Cabeza, sesera, maceta, tatema, testa, coco.

28 may. 2011

Narcorreflexiones: Más efectivo(s)

Todo necio 
confunde valor y precio
Antonio Machado
¿Qué sucede cuando aumentamos el número de efectivos en nuestras fuerzas armadas, sean militares o policiacas?
El argumento tradicional es que se obtienen mejores resultados. Más es mejor, como dicen. ¿Será que “más efectivos” es en verdad sinónimo de “más efectivo”?
Aumentar el número de partes de un sistema (cualquier sistema: una pluma, un coche, una computadora, un ser vivo, una sociedad, una organización) lo hace, sin duda, más complejo. Eso implica que tiene más puntos en los que puede fallar; por lo tanto requiere mucha más atención, dedicación y cuidado en la supervisión.
Es decir, un sistema más complejo (con más efectivos) requiere un sistema de vigilancia que también crece y aumenta los puntos de posible fallo, por lo que también requiere ser vigilado cada vez con más detalle.
Todo ello hace que haya más problemas que se deben solucionar, así que no siempre es lo más efectivo. Ni lo más eficiente, porque se requieren más recursos. Más efectivos implican invertir más efectivo.
Es decir, aumentar el número de efectivos en el combate al narcotráfico no implica necesariamente mejores resultados. No necesariamente es más efectivo.
Lo único que seguro y sin lugar a dudas implica es un sistema más complejo, con problemas exacerbados (corrupción, fallas en la comunicación, filtración de información, por ejemplo) y más caro. Mucho más caro. ¿Lo vale? Yo no estoy seguro. ¿Los resultados justifican el costo? Me parece que no. Pero, como siempre, ustedes que, evidentemente, saben mucho más (y mejor) que este bloguero deslenguado, tienen su propia opinión. Juzguen ustedes mismos.

18 may. 2011

Derecho al pataleo colectivo

Es mi opinión que toda persona tiene derecho a mostrar su descontento, tenga o no tenga razón, logre o no logre cambiar la situación que le provoca el malestar. Es lo que llamo derecho al pataleo.
Cuando algo se mantiene encerrado, oculto, reprimido, suele buscar rutas alternativas de escape. Y suele encontrarlas tarde o temprano. Esto sucede igual sin importar de qué se trate: el agua en una presa, el vapor en una olla de presión, los sentimientos, los hongos, el descontento social.
Esas salidas alternativas suelen ser más peligrosas que las habituales, por ello me parece que garantizar y ejercer individual y colectivamente el derecho al pataleo es algo sano, no sólo un derecho.
Es lo que la gente hace cuando organiza manifestaciones, marchas, plantones y campañas para mentarle la madre a un político: es la natural expresión del encabronamiento que no se hace patente por otros medios. Y que, si se bloquea esta salida alternativa, buscará otras rutas de escape mucho más peligrosas.
Cuanto más se reprima a las manifestaciones de cabreo social, éste crecerá más. Cuantas más rutas de expresión se cierren, más peligrosas para la sociedad serán las que queden, hasta que la necesidad de pataleo sobrepase la capacidad de (auto)contención de la sociedad. Y entonces… ay, ¿y entonces?

9 may. 2011

Narcorreflexiones: Disección

El problema del narco es extremadamente complejo, por lo que, para un análisis verdadero debemos desarmarlo en sus componentes. Diseccionarlo. A mí me parece que presenta algunas facetas diferentes, con orígenes y consecuencias (y, por ende, vías de acción) distintas.

En primer lugar, tenemos el aspecto del mercado interno, asociado al narcomenudeo. Se trata, en realidad, de un problema de salud pública y libertades individuales. Sí, es verdad, las drogas hacen daño, unas más y otras menos; también las sustancias lícitas, como el alcohol, el tabaco, el café, el azúcar, los edulcorantes sin azúcar, las aspirinas. Y cada individuo tiene el derecho inalienable de decidir qué hacer con su vida, incluso arruinarla tomando teobromina (se encuentra en el chocolate), sacarosa (el azúcar de las conchas con mermelada), paracetamol. También psilocibina (de los hongos alucinógenos) o 3,4,5-trimetoxi-β-feniletilamina (del peyote). Tradicionalmente, sin embargo, en una visión inquisitorial, este problema de salud pública se ha legislado en términos de proscripción y criminalización, que lo ha convertido en un problema policiaco, de seguridad pública. Esta es una vertiente que nos compete sólo a nosotros, y que debe ser un tema de debate nacional, que requiere soluciones locales.

En segundo lugar tenemos el aspecto del mercado externo, que es un asunto de diplomacia (en el sentido de relaciones internacionales). Por lo que se sabe, la mayor parte de las ganacias del narco provienen del tráfico internacional de sustancias prohibidas. Los tratados que proscriben y criminalizan de manera especial la exportación e importación de estos productos (y mire que muchos países prohíben la importación de productos, pero se trata simplemente de un asunto de relaciones internacionales) han convertido un problema regular de diplomacia en un asuntopoliciaco y militar de gran escala y con un estatus especial. esta es una vertiente que corresponde a las relaciones internacionales, y es ahí donde debe llevarse a cabo el debate, con nuestro país asumiendo una política exterior coherente con nuestro debate interior, en vez de tratar de imponer sobre nuestra legislación nacional los intereses de los tratados internacionales.

En tercer lugar tenemos el aspecto más feo y dañino del narcotráfico, que es, en su origen, producto del manejo de las otras dos vertientes como problemas policiacos. Al proscribir una serie de industrias legítimas en principio pero que quizá sería prudente regular por su impacto en la salud pública (igual que la tabacalera, el café, los medicamentos, el alcohol, los explosivos, la alimentación), se ha criminalizado a sus empresarios y empleados por lo que, al ser tratados como criminales, se han asumido como criminales. Y han optado por la lamentable decisión de defenderse y regularse por medios ilícitos y del todo reprobables, como la importación de armas que se usan para cometer asesinatos, secuestros, extorsiones. Y a esto se ha respondido con una estrategia de militarización que participa de un círculo vicioso: los delincuentes narcos incrementan sus redes y su poder de fuego para defenderse, por lo que hay que incrementar el tamaño de los operativos y su poder de fuego, lo que ha llevado a que los narcos incrementen... Hasta ahora, sólo hemos tenido una escalada del conflicto en esta tercera vertiente (la más peligrosa y delicada), que ha ido afectando cada vez con mayor intensidad a los ciudadanos que no forman parte de las redes del narcotráfico ni de las fuerzas armadas (militares y paramilitares) que las combaten.
A estas alturas, con el grado de violencia que ha alcanzado la contienda y todo el tiempo que ha durado (no sólo en su fase actual en que la confrontación ha alcanzado las proporciones de una guerra), la solución no será nada fácil ni rápida, pero sí requiere acciones inmediatas que reduzcan, en vez de incrementar, el volumen de violencia y criminalidad que estamos viviendo. Y ello de manera consistente con lo que se haga en las dos primeras vertientes, que son, por las decisiones que se tomaron en ellas, el origen de esta tercera vertiente, que para mí es secundaria en las causas (pues deriva de las otras) pero prioritaria en su atención.

Así es como queda mi disección del narcotráfico. En mi opinión, estas tres vertientes necesitan tratamientos y soluciones diferentes, pero que deben complementarse unas a otras, ser coherentes y consistentes entre sí, y, así, conformar una unidad de acción. Pero, como siempre, ustedes que, sin duda, saben más que este zafio hablador, estoy seguro, tienen su propia opinión. Juzguen ustedes mismos.

8 may. 2011

Narcorreflexiones: Lecciones de la Inquisición

En la época clásica, la moral era cosa persona, y cada uno se las apañaba por sí mismo, con sus propias estrategias. La decisión de emborracharse o no, de desnudarse o no, de hablar en público o no, de creer en los dioses o no, de seguir una buena dieta o no, todas esas cosas eran decisiones personales.

Pero la cosa cambió en la Edad Media. Por ahí del siglo IX la salud moral ya no era cosa privada, sino de debate público. Pero la cosa cambió radicalmente en el siglo XII cuando la bula Ad Abolendam abrió las puertas a la Inquisición: se persigue la herejía por el bien de la sociedad y del alma del hereje. A final de cuentas, resulta que el hereje es encarcelado, juzgado, torturado, ridiculizado en público, privado de sus bienes y, en muchos casos, ejecutado "por su propio bien". Por su salud moral, necesaria para la vida eterna.

El resultado obvio fueron varios siglos de juicios, denuncias, persecuciones, criminalización de la (in)salud moral, llenos de asesinatos legales. Pero las herejías, no desaparecieron, por lo que los objetivos de salud moral pública no se cumplieron, tampoco.

Una consecuencia menos visible, pero más perniciosa, es que nos hemos seguido por esa misma ruta aún después de desaparecida la Inquisición. las políticas de salud durante la colonia y los primeros años del México independiente siguieron esta misma línea, que se continuó en el Porfiriato. En la salud física y en la salud mental, que incluía a la salud moral. Si había "retraso moral" es que había "retraso mental". Y se asumía, además, que la enfermedad mental (y moral) era hereditaria. En el Porfiriato los enfermos mentales eran perseguidos junto con los criminales y encerrados, eso sí, por separado, según el delito o la enfermedad mental, en hospitales psiquiátricos como La Castañeda o en cárceles como el Palacio Negro de Lecumberri.

México no estaba solo en esta concepción. En Gran Bretaña el movimiento eugenésico también aunaba la enferemdad mental al retraso moral, lo mismo que los seguidores de Lombroso en Italia. En Estados Unidos se decretó la esterilización forzosa de las personas con retraso mental o moral, como le ocurrió a Carrie Buck y algunos otros miles de mujeres en pleno siglo XX. En Alemania, durante el nazismo, los retrasados mentales, los ciegos, los sordos, los discapacitados motores, los enanos, los negros, los homosexuales, los judíos, los comunistas y cualquier opositor del régimen iban a dar a los campos de concentración con esta idea de que dañaban a la sociedad, por lo que el "retraso moral" (es decir, la decisión personal que se consideraba equivocada) era perseguido por razones de salud pública.

Por supuesto, ninguno ed estos sistemas persecutorios acabó con el retraso mental, la homosexualidad, la disensión política, el judaísmo, los trastornos psicopatológicos o el retraso mental. Ni evitó que la gente hiciera estupideces que pusieran en riesgo su salud.

Detrás de la persecución de las drogas se encuentra también esta insidiosa idea. El razonamiento ha sido más o menos como sigue: consumir drogas causa problemas de salud; estos problemas de salud afectan al individuo y, si tienen lugar a gran escala, afectan a la sociedad (y el argumento casi siempre es económico: originalmente, se afectaba la fuerza laboral, por lo que la productividad bajaba; ahora, en tiempos de los derechos humanos, es cuestión de los elevados costos que implica tratar estos daños a la salud); hay que evitar estos daños; hay que proscribir y perseguir el consumo de drogas. Lo que en realidad es una decisión personal (si consumo o no algo que me gusta pero puede afectar mi salud) pasó a ser sujeto de decisión pública y, a largo plazo, de criminalización.

Esta estrategia, en el milenio (por lo menos) que lleva operando en nuestras sociedades, nunca ha funcionado para prevenir los problemas de salud moral o física que se pretenden solucionar y, en cambio, ha llevado a problemas policiales, jurídicos y de seguridad pública. ¿Es acaso el narcotráfico distinto? ¿Hay evidencias de que ha funcionado esta estrategia contra las drogas? ¿Debemos seguir por este camino inquisitorial (o se trata de otro error histórico)? En mi opinión, no. Seguimos errando el camino. Pero ustedes que seguramente saben más que este ignorante, sin duda, tienen su propia opinión. Juzguen ustedes mismos.

7 may. 2011

Narcorreflexiones. Un error histórico

Hoy abro estas narcorreflexionescon la intuición de que hemos cometido (¿repetido?) un error histórico: cada vez que las fuerzas armadas han salido de los cuarteles, nos ha ido mal.

Se me ocurre comenzar con 1813. En plena insurrección de Independencia, ese año se firmaron los Sentimientos de la Nación y nuestra declaración de Independencia (titulada Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional). El Virrey Venegas dejó su cargo y que fue otorgado al militar Félix María Calleja, quien tardó en asumir por estar en el frente de batalla. El centro del país fue azotado por unas terribles "fiebres misteriosas", que fue descuidada por las autoridades virreinales: todo el presupuesto disponible estaba asignado a las tropas que defendían al país, que mantenían el orden. La consecuencia fue una de las epidemias con mayor índice de mortalidad que ha sufrido nuestro país. Y, por supuesto, a la larga, el ejército realista perdió una larguísima guerra que duró más de una década y cobró miles de vidas.

Las primeras décadas del México independiente quedaron marcados por asonadas militares que, inevitablemente, desembocaban en que el gobierno cambiara de manos y el ejército permaneciera en las calles para mantener el orden y proteger al Estado y su buen Gobierno... cosa que nunca lograron. Ni siquiera durante la reforma (el gobierno de Juárez tuvo que huir y reclutar civiles milicianos), ni en la intervención francesa (cuando también se requirió de milicias civiles, como los famosos zcapoaxtlas que pelearon el 5 de mayo) ni en la intervención gringa.

Y llegamos a la controvertida Pax porfiriana: durante el gobierno de Porfirio Díaz (que llegó después de un golpe de estado contra el gobierno legítimo de Lerdo) el ejército se encargó de reprimir todo movimiento social, toda protesta, toda inconformidad, de mantener al país en "paz". El ejército fracasó en eliminar el descontento social, en cambio cometió actos terribles de vejación y abuso de autoridad. Y ello participó en el descontento que, junto con otras varias causas, desembocó en la Revolución de 1910, y sus varios ejércitos recorriendo el país.

A pesar de la Constitución de 1917, el ejército no volvió de manera efectiva a los cuarteles hasta después de las guerras cristeras, con la institucionalización del partido de Estado (encabezado por generales), y, después, la llegada de los gobiernos civiles en la década de los 40. Las fuerzas armadas, sin embargo, salían de manera frecuente para reprimir protestas y perseguir movimientos sociales ilegalizados, como el de los ferrocarrileros, los profesores o los estudiantes (como en 1968 y la guerra sucia de los 70).

En todas esas etapas el descontento social crecía con el aumento de la presencia de fuerzas armadas (militares y paramilitares) en las calles. Los daños a la población civil aumentaron (pues el uso de la fuerza siempre afecta a la población pacífica, tal como estamos viviendo) y la delincuencia no desapareció ni disminuyeron los movimientos contrarios al Estado. Es decir, lo que se pretende con la militarización nunca se ha conseguido y, por el contrario, la población civil (que es la razón de ser del Estado, del Gobierno y, paradójicamente, de esas fuerzas armadas) ha sufrido daños materiales, físicos y jurídicos (violación sistemática de sus derechos).

En vista de lo que nos enseña la historia, nuestra propia historia, cabe preguntarse si el aumento de la presencia de las fuerzas armadas, tanto militares (ejército, marina) como paramilitares (las diversas corporaciones policiacas), ¿será la estrategia correcta? ¿Los más de 40,000 muertos que van en estos últimos años han sido daños colaterales o son un resultado predecible, históricamente consistente, de esta militarización? ¿O habremos cometido una vez más un viejo error? En mi opinión se es un error histórico. Pero ustedes que seguramente saben más que este ígnaro hocicón, sin duda, tienen su propia opinión. Juzguen ustedes mismos.

Narcorreflexiones, el inicio

Hoy comienzo una serie de entradas: se trata de reflexiones a vuelapluma (tanto que ni siquiera voy a regresarme para revisar la ortografía) sobre la situación del narco en México, personales y debatibles, posiblemente equivocadas y definitivamente sin aparato crítico para sustentarlas. Parciales y muy personales. Nada más.

Y aquí la lista, que irá creciendo conforme vaya publicando más narcorreflexiones:
* Disección
* Un error histórico
* Lecciones de la Inquisición
Basta con hacer clic sobre el título para ir a leer esa intuición.

5 may. 2011

Probando probando, uno,dos, creen que los que prueban los microfonos deberian echarse chistes para los pocos que llegaron muy tempra? y en conciertos, creen que los que prueban los instrumentos se creen rockstars por unos minutos?? favor de contestarlas

Yo recuerdo mucho un concierto de Paco Ibáñez, en el que la prueba de audio para su micrófono y guitarra la hizo el mismo y ahí estuvo, tocando y cantando (y regañando al técnico que no le hacía caso) hasta que todo quedó a su gusto. A los que llegamos antes nos tocó doble concierto, jejeje. ;)
Creo que los intérpretes deberían hacer ellos mismos las pruebas, para no estar haciendo luego ajustes de último minuto ya para empezar o durante la presentación.

Pregunten lo que quieran. Ya sabré qué contesto. ;)